Slow Work

Bye bye Revolución Industrial. Hacia un nuevo modelo laboral.

Querida amiga al otro lado de estas líneas:

Estoy retomando con muchas ganas la escritura habitual en el blog. Con los blogs empezó todo pero, años después, las reinas indiscutibles son las redes.

Bien. Pues yo me propongo volver a mirar mi casa digital: esta casa es totalmente mía, su espíritu es más atemporal y su vocación más profunda que las redes.

Encontrarnos sin velos, ni filtros, ni apariencias, en un espacio sin prisas, un lugar en el que podemos fluir lejos de la sombra de algoritmos y textos con límites de caracteres es todo un placer.

En esta etapa profesional y personal sigo sintiendo que quiero más de eso: más de esa comunicación de siempre tanto por aquí como en mis newsletters que aspiran a tener el alma de esas cartas íntimas escritas de puño y letra que tanto encuentro en las novelas victorianas que leo cada noche.

¿Sabes que encuentro en esos libros escritos dos siglos atrás?

Encuentro escritoras inmersas en una sociedad muy diferente y, aún así, siento latir en cada una de las palabras que escriben, un anhelo común a las mujeres que las leen desde el futuro, nuestro presente: el deseo de encontrarse a sí mismas y vivir de acuerdo a sus valores, practicando su propia libertad.

El deseo de ser libres es un deseo universal y atemporal que nunca caduca, inherente al ser humano. Aunque la libertad es como el éxito, cada uno tiene su propia definición y esto es así porque, en el fondo, ser libres significa ser nosotras mismas.

El contexto externo, la sociedad o la época en la que nos toca vivir influye y mucho. Por ejemplo, para un obrero inglés de la sociedad victoriana, dar un paso más hacia esa sensación de libertad, significaba el reconocimiento al derecho a huelga o el establecimiento de la jornada laboral de 10 horas, logros que se consiguieron por entonces.

¿Qué es la libertad para un niño inglés de la misma época? Poder acceder al inmenso privilegio de la educación, en un país en el que por primera vez, pertenecieras o no a la clase alta, podías alfabetizarte.

Ser más libres para las escritoras victorianas era poder formar parte del ámbito de la literatura, poder escribir y publicar libros aunque, injustamente, tuviera que ser con pseudónimo. 

Ser más libres para el pueblo, en general, era poder coger un tren y viajar por primera vez en sus vidas a la ciudad gracias a la expansión del ferrocarril.
Así que si, el contexto influye enormemente pero, me pregunto:

¿Alguien como yo y probablemente como tú que me escuchas al otro lado, alguien que tiene total flexibilidad horaria, que no tiene jefes, que organiza su propio trabajo, que tiene a su disposición, por primera vez en toda la historia de la humanidad, un enorme e infinito río de conocimiento a un sólo un clic, debe sentirse entonces muy libre?

¿Ser emprendedora significa ser libre?

La respuesta desde una mentalidad – ya no digo victoriana sino desde el propio punto de vista de nuestros padres o abuelos que no tuvieron todas estas ventajas – es que si. Tiene sentido sentirte más libre cuando el contexto acompaña.

Pero cuál es la respuesta desde nuestra posición, desde el punto de vista de una generación que contempla el mundo a partir de su propia realidad? 

La respuesta es que ser emprendedor no significa ser libre, al igual que ser trabajador por cuenta ajena no es sinónimo de sentirse esclavo. Ser padre, por ejemplo, adquirir más responsabilidades, no es sinónimo de sentirse menos libre. No ser padres tampoco es sinónimo de sentirse más libre. Todo depende.

Dos personas pueden tener idéntica situación y afrontar el desafío de manera totalmente opuestas, teniendo la capacidad de disfrutar más o menos de la vida y de su propio concepto de libertad.

Y es que, uno puede sentirse libre encerrado en una habitación mientras se abstrae viajando con la imaginación a través de un libro o de la escritura. Y otro puede sentirse esclavo en mitad de un bosque majestuoso, pegado a un teléfono móvil del que no despega la vista.

Preguntas sobre mi negocio.

Estos días, he vuelto a hacerme preguntas sobre mi propio negocio y mi relación con esa libertad, he charlado con una amiga que me ha dado una clave sobre esto, tan importante, que quiero compartir contigo.

Esa clave o reflexión es que para sentirnos realmente libres es necesario romper nuestras propias barreras o estructurales mentales, es necesario sustituir con suavidad, cariño y tiempo todo aquello que hemos heredado y que, a veces, nos provoca un malestar o peso interno que no entendemos.

Sin darnos cuenta, traemos esa fuerte herencia de la revolución industrial, del sacrificio o de la productividad a la misma puerta de nuestras oficinas en casa, traemos esas estructuras rígidas a nuestro emprendimiento y seguimos actuando aún siento totalmente libres y responsables de nuestro trabajo, como si tuviéramos que rendir cuentas a un jefe que tiene esa mentalidad de la que hablamos.

Y nos convertimos en ese jefe o jefa interior a la que le da igual si estamos premenstruales o si hoy nos sentimos tristes y necesitamos una parada, o si hoy nos necesita a su lado una persona importante.

Hacia un nuevo modelo laboral.

Nuestra mente aún está muy apegada a la idea que nos han transmitido de dividir tu vida por áreas: ahora trabajo, ahora descanso, ahora me divierto, etc. De nuevo, rigidez y estructura.

Pero ¿y si pudiéramos sustituir trabajar por crear? ¿Y si pudiéramos romper las estructuras y límites entre todas esas áreas? ¿Y si damos un paso más y reivindicamos, al igual que aquel obrero inglés reivindicaba una jornada laboral más reducida, un nuevo modelo laboral adaptado a esta sociedad del siglo XXI?

¿Y si traemos este debate a luz, lo enriquecemos, lo regamos, le damos tiempo y espacio? 

¿Y si nos detenemos a observar nuestras propias barreras mentales al respecto?

¿Y si las identificamos, le ponemos nombres, las describimos y, poco a poco, las vamos disolviendo?

Como ves, mimar y crear contenido para nuestros casas digitales nos da la oportunidad de recuperar ese viejo arte de profundizar que reivindico, una y otra vez, en un mundo – que en ocasiones – se me antoja demasiado veloz y superficial.

Seamos parte de esa grupo de mujeres que se sienta a la mesa a diseñar sin presión un emprendimiento consciente vivido desde el presente.

¿Te apuntas?

Hacer sin parar es una forma de pereza.

Dice Carl Honoré que hacer sin parar es una forma de pereza.

¿Cómo va a ser pereza hacer muchas cosas?, te preguntarás. Yo también tuve esa reacción la primera vez que lo escuché.

Sin embargo, si te detienes a pensarlo, tiene mucho sentido ya que, en una sociedad como la nuestra, es mucho más fácil estar en acción que parar.

Parar te obliga a encontrarte contigo, te muestra una radiografía de ti misma, te conduce a un espejo en el que hacía tiempo no te mirabas.

Si dejaste de ser ese niño o niña que adivinaba la forma de las nubes.

Si ya no tienes tiempo para admirar el maravilloso planeta en el que habitas.

Si no eres consciente de que no solo vives dentro de un pueblo o de una ciudad sino también en un país, un continente, un planeta, o una galaxia…

Si la vida automática te ha hecho perder la perspectiva, si hace tiempo que no paras a mirar, a escuchar de verdad a los que más quieres.

Si no cierras los ojos en mitad de un paisaje para sentir la magia de la vida fluyendo a tu alrededor.

Si vives en una eterna batalla contra el reloj, sintiendo que nunca es suficiente, que cuanto más corres detrás del tiempo menos de él encuentras.

Si por habitar en el futuro, ignoras un presente repleto de cotidianos placeres.

Si has convertido tu emprendimiento o reinvención profesional en una carrera contrareloj.

Si sientes dentro de ti esa ansiedad, esa espera permanente que te mantiene más ligada a un futuro real que a un presente perfectamente imperfecto.

Si ya no hay diversión y sólo obligaciones o, si es tan divertido y apasionante, que absorbe toda tu vida personal.

Si te sucede algo o mucho de todo esto, ha llegado la hora de admitir que necesitas hacer menos y ser más.

Que no es cierto que no tengas tiempo para parar, que la verdad es que es más fácil no hacerlo.

Pero hacerlo, te cambiará la vida.

Porque, volviendo a parafrasear al gurú de la lentitud, «cuando paras, algo en ti se transforma».

Traigamos un pedacito de esta filosofía slow al sector de los negocios digitales. Individualmente podemos hacer mucho más de lo que creemos al respecto.

Se trata, simplemente, de trabajar respetando tu tiempo y ritmos y el de los demás. ¿Lo hacemos?

Intuición y gratitud.

Recuerdo ese momento como si hubiera sucedido ayer mismo pero, en realidad, tuvo lugar hace más de un año.

Tuvo lugar en el momento profesional más complicado de mi vida.

Sucedió en un parque, al que me dirigí con la idea de despejar mi mente, sobrepasada de tantas decisiones que había tenido que tomar, para mi negocio, en los últimos meses.

Fue allí – después de darle mil vueltas al asunto- donde saqué mi móvil del bolsillo y le comuniqué a dos amigas con gran seguridad: «voy a crear mi curso de asistencia virtual desde cero. Ya no me representa.»

Puede parecer una decisión menor pero, en realidad, yo ya había rehecho ese curso a lo largo de tres años. Se dice pronto pero, detrás de ello, hay muchas horas de trabajo frente a la pantalla, mucho sacrificio personal.

Es como pasarte 3 años construyendo y decorando una casa y, justo al terminar, darte cuenta que la casa está bien hecha, que la construcción y la decoración es correcta pero que – después de este tiempo tú ya no eres la misma – y deseas cambiarlo todo.

La razón te dice que es una locura pero, el corazón lo tiene claro: necesito hacerlo, tengo que hacerlo.

Y lo hice. Conseguí crear mi curso de asistencia virtual y autoconocimiento como siempre lo había imaginado: como un viaje, como una charla entre amigas, como un trayecto interno y externo, práctico y espiritual.

Este post es sólo una manera de decir:

  • Gracias a esas viajeras que escogieron el camino más lento pero más conectado.
  • Gracias a esas amigas emprendedoras que llevan años apoyándome en la distancia.
  • Gracias a todas esas emprendedoras que decidieron trabajar con mis alumnas.
  • Gracias a todas esas antiguas alumnas que demostraron que slow es posible.

No hay duda: remar a favor de una misma, conectar nuestro trabajo con nuestros valores, a la larga, tiene premio.

El viaje continúa…

¿Ser una asistente slow es ser lenta? Desmontando el tópico.

¿Una asistente slow es una asistente lenta? ¿Es alguien no apta para negocios ambiciosos? ¿Debe una asistente virtual con filosofía slow trabajar sólo en negocios cuyas tareas no son urgentes?

Llevo ya 9 años enamorada de esta filosofía y, aún hoy sigue siendo un reto explicar la manera en que muchas de mis alumnas reivindican trabajar.

Por suerte tenemos a Carl Honoré y sus maravillosas reflexiones que deberían estudiarse en las escuelas, también en las de emprendimiento 🙂

Hace unos meses le escuché decir algo en el podcast de Jana F. que podría servir de respuesta a esas personas que me dicen: ¿una asistente slow es alguien que trabaja muy despacio?

A todos ellos, con todo el amor del mundo (esto no es ningún reproche, sólo una oportunidad de compartir), les muestro estos párrafos:

«No soy un extremista ni fundamentalista de la lentitud. A mi me encanta la velocidad y, a veces, más rápido es mejor pero no siempre. Esta es la clave: hay que hacer las cosas a la velocidad adecuada, al ritmo indicado, al tempo giusto como dicen los músicos: estar presentes, haciendo una cosa a la vez.

En el fondo, la filosofía slow se puede resumir en una frase muy sencilla que es: en lugar de hacer las cosas lo más rápido posible, trata de hacerlas lo mejor posible. Es una idea muy sencilla pero profundamente contracultural e inmensamente revolucionaria si la abrazamos.»

Así que no: una asistente slow no es alguien que trabaja a paso de tortuga, no es incompatible con modelos de negocio de ningún tipo, simplemente es alguien que tiene claro algunas cosas como estas:

  • Valoran su tiempo, priorizan lo verdaderamente importante: su vida, su autocuidado, su entorno.
  • Valoran la planificación y, aunque pueden fluir, ser flexibles y estar abierta a cambios, trabajarán antes con un emprendedor que entienda que no van a estar disponibles 24/7.
  • No están orgullosas de ser mujeres hiperproductivas y agotadas, lo están de – poco a poco y sin prisa – ir creando una vida donde hay espacios para recargarse. Sólo así dan lo mejor de ellas mismas.

Estamos en un buen momento para reivindicar una manera de trabajar que ponga en el centro a las personas. ¿Te apuntas?

Dar espacio a la presencia y a la lentitud.

¿No te sucede algunas veces que, al final del día, te das cuenta de lo cansada que estás de lo rápido?

Eso de las fórmulas exprés, las tareas «para ya» y las reflexiones superficiales a las que no damos el suficiente tiempo para reposar nos afecta, aún sin ser conscientes de ello.

Es como un peso invisible que, cada día, resta un poquito.

La sobreestimulación y el marketing del ahogo, ese que no da aire y espacio para pensar por ti misma, es un lugar donde la mayoría nos sentimos incómodas.

Lo he hablado infinidad de veces con compañeras y, cada vez se nota más: algo está cambiando.

Es hora de contarnos esa verdad: no es normal que cada vez haya que hacer más esfuerzo para mantenernos concentradas por las montañas de información y estímulos que crecen sin parar.

Hay mensajes que llevan décadas resonando dentro de nosotras:

Eres lo que haces.

  • Para sentirte una persona de éxito debes producir mucho y ser muy eficaz.
  • El mundo va muy rápido y hay que adaptarse.
  • Debes aprovechar las oportunidades y no dejar escapar ninguna.
  • Aún necesitas formarte más, no es suficiente.
  • Sueña a lo grande, define objetivos ambiciosos.
  • Aumenta tu facturación y crece, aún a costa de tu equilibrio personal.

Durante 2019 y 2020, pude darme cuenta del gran error que cometemos cuando ponemos por delante de todo, un negocio con un concepto de éxito estándar.

Me di cuenta de los enormes estragos que causa correr en todas las áreas de nuestra vida: autocuidado, negocios, relaciones.

Ya en 2013 escribía en mi antiguo blog esta frase de Carl Honoré:

«El virus de la prisa es una epidemia mundial. Si lo has contraído, trata de curarte.»

Sin embargo, ¡qué fácil fue aún sabiéndolo caer en la trampa! Por suerte, siempre es posible volver a casa, a esa visión de la vida que es realmente tuya.

Hoy más que nunca reivindico el derecho a profundizar, a reposar las cosas, a darnos el tiempo suficiente para asimilar antes de compartir.

Si. Tienes derecho a perderte algo. Tienes derecho a tomarte una semana para hacer menos tareas pero de mayor calidad.

Tienes derecho al silencio y también a compartir, si es lo que ahora necesitas.

Todo está bien mientras tú lo estés.