El virus de la prisa

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prisa

Hace muchos meses que no escribía en el blog.

Si escojo precisamente este momento tan excepcional, no es casual.

He tardado 4 días en terminar este post. Para empezar te cuento el primer aprendizaje que he extraído del propio proceso de redactarlo.

¿Y qué pasa si no es para ya?

Empecé este post el sábado y lo continué el domingo y el lunes pero, de nuevo, lo dejé a medias.

Mi intención, desde que me dispuse a escribirte, era venir a aportar algo mediante mis palabras a estos días extraños. Quería hablar de todo lo que otros compañeros están hablando y que es tan necesario:

  • Los aprendizajes detrás de esta situación.
  • La necesidad de ser responsables y cuidarnos entre todos.
  • La importancia de tratar de mantener nuestra mente equilibrada.

Sin embargo, mientras escribía y me detenía a observar los acontecimientos y reacciones, me daba cuenta de que no quería precipitarme ni escribir algo sin más.

A medida que llegaban nuevas noticias sobre el coronavirus y la situación se iba complicando, más me decía a mi misma: dedica a esto el tiempo suficiente.

Esta era la situación:

  • Mensajes de todo tipo por todos lados. Sobreinformación.
  • Incredulidad, sorpresa, preocupación.
  • Dificultad para desconectar por lo excepcional de la situación.
  • Sensación de que debía compartir ya algo, como el resto, para poder contribuir y ayudar a quién estuviera al otro lado.
  • Varios intentos fallidos de acabar este mensaje dejándolo, una y otra vez, para el día siguiente.

Fue así, con todas estas sensaciones mezcladas, como me di cuenta de algo: ¿de verdad era un problema dejarlo para el día siguiente?

Aunque ya llevo años difundiendo este mensaje, investigando sobre vida slow y minimalismo y aplicándolo a muchos ámbitos de mi vida, si no estoy atenta, prevalecen los pensamientos anteriores.

Y me pregunto: ¿cuánto sufrimiento podríamos ahorrarnos si tomáramos como natural lo que hemos creído incorrecto?

Tienes derecho a reposar y profundizar

Estoy cansada de lo rápido: fórmulas exprés, tareas para ya y reflexiones superficiales a las que no damos el tiempo de reposar lo suficiente.

Estoy cansada de la sobreestimulación y del marketing del ahogo: ese que no me da aire y espacio para pensar por mi misma.

Estoy cansada (y también mi mente) de que cada vez haya que hacer más y más esfuerzo para mantenerse concentrada y relajada por las montañas de información y estímulos que crecen sin parar.

Estoy cansada de ver en mi misma el efecto (y a mi alrededor, especialmente entre mis alumnas) de mensajes que llevan décadas resonando dentro de nosotras:

  • Eres lo que haces.
  • Para sentirte una persona de éxito debes producir mucho y ser muy eficaz.
  • El mundo va muy rápido y hay que adaptarse a ello.
  • Debes aprovechar las oportunidades y no dejar escapar ninguna.
  • Aún necesitas formarte más. Aún no es suficiente.
  • Sueña a lo grande, define objetivos ambiciosos.
  • Aumenta tu facturación y crece (aún a costa de tu equilibrio personal).

Ahora que ha llegado esta situación y que veo las cosas aún más en perspectiva, me doy cuenta del gran error que cometemos cuando ponemos por delante de todo, un negocio con un concepto de éxito estándar.

Me doy cuenta de los enormes estragos que causa correr en todas las áreas de nuestra vida: autocuidado, negocios, relaciones.

Estos días, estas reflexiones se hacen más evidentes que nunca y es aún más necesario escucharlas.

No en vano, ya en 2013 escribía en mi antiguo blog esta frase de Carl Honoré:

El virus de la prisa es una epidemia mundial. Si lo has contraído, trata de curarte.

Hoy más que nunca reivindico el derecho a profundizar, a reposar las cosas, a darnos el tiempo suficiente para asimilar antes de compartir.

Si. Tienes derecho a perderte algo. Tienes derecho a tomarte una semana para escribir un post. Tienes derecho al silencio si es lo que ahora necesitas.

La crisis antes de la crisis. Un trocito de mi historia.

Ahora quiero compartirte, de manera totalmente honesta, la situación de la que vengo y con que aprendizajes me pilla esta crisis del coronavirus.

Desde octubre he vivido una gran oleada de cambios en mi trabajo (y por tanto en mi vida) que le han dado la vuelta por completo al modelo de negocio hacía el que me dirigía.

He pasado de llevar el negocio en compañía y con un equipo a volver a retomarlo en solitario pero esta es sólo la punta del iceberg de todas las decisiones que he tomado desde octubre.

No ha sido nada sencillo ni a nivel personal ni profesional. Sin embargo, ha sido completamente liberador, pese a la incertidumbre, despojarme de todo aquello que no encajaba con mis valores.

Ha sido como volver a casa, retomar la propia escucha, viajar hacia dentro y despertar.

Todo este proceso me ha llevado a tener muy claro qué quiero, más que nunca. Esta crisis laboral me ha quitado mucho y, a la vez, me lo ha dado todo.

Todo para mi es irme a la cama con la tranquilidad de saber que cada cosa que hago está hecha desde mi esencia, que todo fluye en la dirección que marca mi alma.

Podría resumir todo el proceso diciéndote que lo que he hecho, en realidad, es convertir un negocio maximalista en uno minimalista.

Pasar de un lado a otro no es tarea sencilla pero los beneficios son tantos que volvería a hacerlo una y otra vez.

Cambio, incertidumbre y emprendimiento

He perdido ya la cuenta de las veces que me he reinventado desde 2013 y, por eso, empiezo a sentir que el cambio y la incertidumbre son compañeros inseparables de todo emprendimiento.

Y oye, ¡no es tan malo! ¿Sabes por qué? Porque aunque cueste horrores y se pasen por momentos complicados (es más fácil ser viajera de un crucero que capitana) son un puente para atravesar hacia ese lado de la isla donde puedes ser tú y sólo tú.

Hay que contar, por supuesto, que la cara b de emprender tu propio negocio existe. No vale contar sólo una parte.

Creo que es la frase que más uso cuando una nueva posible alumna me pide información sobre la asistencia virtual: no hay recetas mágicas ni fórmulas milagrosas.

Emprender es un máster de auto conocimiento, un viaje que te pone las pilas y te obliga a tomar decisiones y abrazar lo nuevo con sus pros y sus contras.

Este viaje se renueva constantemente y nunca termina de enseñarnos cosas. Si sabemos escucharnos y darnos el espacio suficiente, nos llevará con tiempo y constancia, al estilo de vida que amamos.

Durante los últimos 5 meses he dejado y renunciado a una larga lista de cosas y me he puesto el foco en:

  1. Retomar mi trabajo como asistente virtual con uno de los negocios más inspiradores y auténticos que conozco, Sencillez Plena.
  2. Renunciar, renunciar y renunciar y dejar ir, despojarme de lo innecesario para rediseñar un negocio 100% a mi medida.

Prácticamente, podría decirse, que ha sido casi como empezar desde cero y que ha habido muchas horas de trabajo y de instropección detrás, hasta dar con la que creo debe ser la fórmula perfecta para que un negocio funcione: ser un reflejo de lo que una es.

Cambio, incertidumbre y emprendimiento

Así me ha pillado esta situación tan atípica: con un montón de lecciones aprendidas y una gran práctica en la toma de decisiones.

Por supuesto, que tengo que esforzarme cada día en mantener mi mente en equilibrio, poniendo límite a la tentación de andar enganchada a las noticias.

Tengo que reservar aún más tiempo en cuidarme a mi y a los míos, poner más cuidado en la alimentación, en la higiene de la casa, en controlar la extraña sensación de no poder ir, cuando quiera, a bar un beso a mi abuela o ver a mis padres.

Pero se que mi conexión con el minimalismo y el intenso proceso de renuncia que he practicado en los últimos meses, me hace sentirme mucho más en paz y tranquila de lo que he estado en otras épocas.

¿Por qué nos cuesta tanto parar?

Llevo desde 2013 dedicando muchas horas de mi vida a eso que llaman vida slow y que no es más que no vivir a la carrera pero, a la vez, es muchas otras cosas.

Nada tiene que ver con la velocidad o con el no hacer nada.

Se trata de ser y hacer pero con conciencia, desde lo autentico.

Cuando haces esto influyes en todos los ámbitos que puedas imaginar: desde tu casa y tu entorno hasta tu empresa, la sociedad y el planeta.

¿Cómo iba a imaginar que la pausa se convertiría alguna vez en una orden gubernamental debido a una pandemia mundial?

Si tú también has tenido la sensación estos días de vivir algo de ciencia ficción y has pensado que todo se volvía surrealista, creo que ha llegado el momento de que aceptemos que está sucediendo.

A partir de aquí podemos hacer dos cosas: alimentar el miedo o trazar un plan b.

Ese plan b puede contener un aprendizaje enorme sobre ti misma y una oportunidad excepcional para dedicar tiempo a revisar si te has dejado contagiar por ese otro virus: el de la velocidad.

  • ¿Alguna vez te has parado a pensar en las enormes consecuencias que este hábito invisible ha traído a tu vida?
  • ¿No te parece este momento (o las próximas semanas) una ocasión ideal para que reflexionemos juntos sobre esto?

Este virus está dejando en evidencia una realidad: no sabemos parar, nos da miedo estarnos quietos.

En esa carrera contrareloj donde todo se hace en piloto automático, nos resistimos hasta el final para no tener que encontrarnos con nosotros mismos y aceptar, de una vez, que todo mejoraría si hiciéramos menos cosas pero con más amor.

El planeta Tierra puede ser un lugar más sostenible y sus habitantes más felices, si aprovechamos este encierro para profundizar y reflexionar sin prisas.

De repente, cualquier bien presente en casa cobra mucho más valor: los alimentos, el papel, los libros que tienes.

Estos días valoro al máximo la comida que me nutre, el sol que entra por la ventana, la cultura que me rodea y que me permite evadirme y tener esperanza y sobretodo las personas.

Creo que cuando todo esto pase, vamos a disfrutar el triple de nuestras relaciones y ojalá sea así, vamos a dar por fin al equilibrio el papel que se merece dentro de este mundo de los negocios online.

Compartir desde casa

Llevo meses sin aparecer en redes y muy centrada en este proceso de minimalismo aplicado a mi negocio y a mi vida pero siento que es un buen momento para, a mi manera y a mi ritmo, compartir un aprendizaje doble: el que he vivido desde que volví a tomar las riendas de mi negocio y el que estoy viviendo ahora desde casa.

Si te apetece compartir conmigo tu visión sobre alguna de las ideas que he expresado en este post o que compartiré por otros canales, te espero encantada.

Te dejo p en este por aquí los lugares por donde puedes encontrarme:

Mi instagram.

Mi grupo de facebook.

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Interacciones del lector

Comentarios

  1. Mamen me ha encantado tu post y te doy las gracias por esta reflexión con la que me siento totalmente identificada. Te mando un beso enorme y tengo ganas de que nos volvamos a ver en persona. Un besazo enorme a los 3

    • ¡Qué ilusión leerte amiga Maggie! Por algo conectamos. Tenemos mucho en común y me alegro de ello. ¡Con muchas ganas de compartir café y charla!

  2. Gracias, Mamen, por dar voz a lo que la prisa trata de ocultar: una oportunidad de oro para sentarnos a escuchar y hacerlo en profundidad.
    Un abrazo grandote 🙂

  3. Hola Mamem.
    Siento cada una de tus palablas. Me resuena mucho cuando hablas de tu propio ritmo.
    Me di cuenta desde hace meses que yo también voy despacio como tú, y muchas veces mi ritmo propio me ha llevado a sentir que no encajo en la inmediatez del mundo.
    Gracias por compartir tu escencia. Estas siendo gran fuente de inspiración.
    Actualmente, estoy evaluando diferentes alternativas para dar convertirme de asistente offline a online.
    Un fuerte abrazo! 😀

    • Gracias por tus palabras Claudia. Es un verdadero placer detenerse a contemplar sin prisa en este mundo vertiginoso. Disfrútalo 🙂

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