Tengo un perro contemplativo.

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vida perruna

Tengo un perro contemplativo. A veces para en un lugar y solo observa. Puede pasar así, más de media hora.

Yo al principio le decía: «venga, vamos» pero Salmorejo es un perro seguro de sí mismo y cuándo quiere algo, no cede hasta que hace todo lo posible por salirse con la suya. Así que por más que intentaba que avanzara allí se quedaba, mirando, tranquilo…

Es como si dijera, ¿no eres una humana slow? Pues venga, a practicar.

Yo incluso me sentía un poco «ridícula» allí parada en mitad del barrio. ¿Y si pasaba alguien y me veía allí plantada sin hacer nada más?

Enseguida me di cuenta que esos momentos eran, en realidad, un regalo. Porque si, un perro sale a pasear pero ¿por qué no tambiér a parar y observar sin prisas?

Así que me apunté a la propuesta del peludo. Ayer duró más de media hora y, estando allí parada, sintiendo el viento en la cara, observando a ese grupo de golondrinas, las cigüeñas sobrevolando, esas nubes tan azules en movimiento, los pinos… experimenté un momento de total paz y presente.

Y pensé todo lo que hay vivo a nuestro alrededor que no nos detenemos a observar.

Todo lo vivo se interconecta, se compone de una materia común.

Pero hay una diferencia, los humanos complicamos lo simple.

En esa escena de ayer yo era la única humana y, sin embargo, esos árboles y esos animales (el perro, las golondrinas, las cigüeñas y hasta las nubes) tenían algo más valioso que enseñarme de lo que yo pudiera enseñarles a ellos.

Parar no es de perezosos es de inteligentes, es de sabios, es algo incuestionable en el mundo natural.

Porque cuando paras, solo entonces, dejamos de ver la vida desde la mente y conectamos con una parte de nosotras que necesitamos para dar pasos desde nuestra verdadera autenticidad.

¿Te sorprende si te digo que después de esa media hora me sentía más descansada y productiva que recién levantada?

¿Has tenido alguna revelación o has encontrado respuesta a alguna cuestión que se te resistía justo al dejar de pensar sobre ella?

A veces es en la ducha, cocinando, paseando, después de leer un rato, escuchando música o después de una siesta.

¿Me cuentas tu experiencia sobre esto?

¿Tú también sientes que cuándo paras algo en ti se transforma?

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